viernes, 16 de diciembre de 2011

Nipda

Cuando yo apenas tenía un año, pronunciaba contadas palabras. Las indispensables para sobrevivir supongo, y por algún extraño motivo, algo que vendría a parecerse a "belo" era una de ellas.
Los que le conocieron a los cuarenta solían decir que nunca tuvo mucho humor, que frecuentaba un semblante serio y no solía pronunciarse, pero cuando lo hacía, no existía quien se atreviera a protestar.
Los más cercanos apenas le veían. Trabajaba por las noches y dormía durante el día, lo que no le permitió cumplir con la figura de esposo modelo, y mucho menos con la de padre. Pero imagino que hay una línea a eso de los sesenta (no porque la haya cruzado, sino porque es la explicación que a mi me sirve) que te separa de todo lo que fuiste y hace que te relajes, que bajes el ritmo y te conviertas en todo lo que no pudiste ser.
Cuando yo nací, él ya estaba esperándome. Me quedé dormida en su regazo hasta la inconfesable edad de los doce años, cogía sus grandes manos y las ponía debajo de mi cara para escuchar el tic-tac de su reloj de pulsera, aunque si estabas muy callada podías oírlo desde la otra habitación. Nunca supo decir correctamente  "croqueta", y cuando me destrozaba las rodillas al caer contra el suelo, me preguntaba: "¿No sabías que eran tuyas?".
Nunca perdí la esperanza de abandonar mi puesto de hija única, pero hasta entonces, él era al que maquillaba y al que obligaba a esconderse en la bañera mientras yo contaba hasta veinte.
Siempre fingía no recordar la fecha de mi cumpleaños, pero la realidad es que sabía la hora a la que nací, y aunque las pocas veces que me gritó, no tenía razón, nunca se disculpó por ello. Supongo que de él he sacado mi orgullo.
Se negó a cogerme el teléfono la primera vez que viajé sola, y el día que lo cogió, no supo aguantar el tipo cuando dije que le extrañaba.
Mojaba los donuts en la ensalada. No he conocido a nadie que hiciera algo parecido, aunque tampoco he conocido a nadie parecido a él.
Él me enseñó a montar en bicicleta y a usar el metro. Hacía burla a la gente cuando yo se lo pedía, y cuando veía que en la puerta del mercado regalaban claveles, pasaba cinco veces seguidas para hacerme un ramo.
Mi abuela solía decirle que era peor que un niño, y aunque ella le reñía cada vez que me decía que yo era su preferida, nunca paró de decírmelo, porque sabía que él siempre fue el mío.

martes, 13 de diciembre de 2011

Rappeler.

La mayor parte del tiempo que paso pensando en el camino que me ha traído hasta aquí, concluyo que la locura me ha dolido solo a veces, y que, en suma, ha sido transitoria.
Los pocos momentos de lucidez intercalados en impases, en puntos muertos, me han sacado de mi. He podido contemplar por encima de mi cabeza aquello que no pude estando dentro.
Así se convierte la vida en un deja vu, en algo ya visto, pero esta vez desde otra perspectiva. Las horas que vendrán, ya las he vivido, recordarlas es otro tema.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Neuf

Presupongo que la vida ha depositado en él todo lo que ha ido arrancándole a las vidas de los otros, que ha ido remendando pedazos de desconocidos para crear un alguien parecido a lo que le gustaría ser o a lo que le gustaría que lo demás fueran.
Presupongo que ha ido desechando expectativas a lo largo de los meses y que espera terminar por no esperar nada, para que la única acción que deba realizar sea, solo ser.
Presupongo que acabó por quedarse en lo vano del asunto, se cansó de cavar para llegar a lo profundo de las cosas e hizo su vida en la tierra más mortal. El cielo se volvió para él algo mundano y material, puramente efímero. Despreció el tiempo como herramienta. Para avanzar o para estancarse, lo desprecio de igual forma. Decidió rozar los momentos sin querer agarrarlos del todo y tardé más tiempo en desconocerle que en conocerle, porque hay distancias que no se miden, o al menos, eso presupongo.

martes, 6 de diciembre de 2011

De vez en cuando.

El cuerpo humano tiende a compensar las pérdidas.
No necesita las cosas que no puede tener, pero a veces, la pérdida es demasiado grande y el cuerpo no puede compensarse por si mismo.